MARIA MAGDALENA LA BIBLICA
Su nombre significa “la preferida de Dios”. De acuerdo con las escrituras, María fue la mujer de la cual Jesús sacó siete demonios (Lucas 8:2) y que le siguió como su discípula. Ella le acompañó en su Pasión (Mateo 27:55; Marcos 15:40; Juan 19:25) y su muerte en la Cruz, en su entierro (Mateo 27:61; Marcos 15:47) y fue la primera persona que lo vio luego de resucitar (Mateo 28:1-10; Marcos 16:1-9; Lucas 24:1-10; Juan 20:1-2,11-18).
L@s estudios@s de la Palabra entienden que ella y la llamada María de Betania, son la misma persona. En las escrituras, María de Betania (Lucas 10:38-42) prefirió escuchar a Jesús como un apóstol más, en lugar de realizar las tareas domésticas que se le imponían a toda mujer en su tiempo. Además, ella ungió a Jesús con un perfume carísimo (Mateo 26:7-13; Marcos 14:3-9; Juan 11:2; 12:1-3). Otr@s estudios@s, sin embargo, suelen hacer una distinción entre la Magdalena, la María de Betania y la pecadora anónima que unge los pies de Jesús, en la casa del fariseo Simón (Lucas 7:36-50).
Los cuatro evangelistas la mencionan con prominencia en sus escritos. Dado el hecho de que todos los discípulos y discípulas de Cristo estaban juntos luego de su Ascensión, es bien probable que María Magdalena estuviera presente en el momento de la llegada del Espíritu Santo en Pentecostés (Hechos 2:1-4). Posiblemente estuvo también presente en la Última Cena, dado que la misma fue una Cena de Cordero Pascual, en la tradición judía, que conmemoraba la liberación del pueblo judío en Egipto; en la misma, niños y mujeres participaban junto a los varones en esa gran fiesta.
María Magdalena ha sido un personaje que durante los siglos, ha fascinado la imaginación de los cristianos a través del mundo conocido. Hay una leyenda que dice que ella, su hermana Marta y Lázaro, llegaron hasta Provenza, en la actual Francia, donde convirtieron a toda una población. Eventualmente, ella se retiró en penitencia. Al momento de su muerte, unos ángeles la llevaron a un oratorio y le dieron la Comunión. Una vez muerta, su cuerpo fue trasladado a otro oratorio. Sus reliquias pasaron de un sitio a otro hasta donde están actualmente, en la Iglesia de La Sainte-Baume, en Francia.
Durante el cristianismo primitivo, la santa era considerada un importante personaje de la Palabra, una predicadora que anunció a muchos la Buena Nueva y que desafiaba las ideas masculinas sobre la mujer de entonces. El hecho de que Jesús la enviara a anunciar a los Apóstoles su resurrección (Juan 20:17-18), llevó a los Padres de la Iglesia a declararla la “Apóstol de los Apóstoles” (Apostola Apostolarum). Solía representársele predicando a los Apóstoles y a la gente en general. Hasta las sectas gnósticas la veían como un modelo de ministerio sacerdotal para la mujer.
Mas con el paso del tiempo, su figura fue romantizada y rodeada de mitos y alegorías. Uno de los mitos que más fuerza cobró, fue el hecho de ser una prostituta arrepentida. Sin embargo, la Palabra no mencionada que ella fuera eso. Muchos malinterpretaron su posesión por los siete demonios con pecados sexuales. El Papa Gregorio Magno (540-604 DC) fijó el mito de la pecadora arrepentida, suprimiendo su rol de líder evangélica. Esta visión figuró ilustrada en cientos de obras de arte, que la retrataban semidesnuda, arrodillada en penitencia.
Fue durante el siglo XX que comenzó el proceso de rescatar la verdadera historia de esta gran santa de la Iglesia. En las reformas litúrgicas del Concilio Vaticano II, se prefirió las referencias bíblicas de María Magdalena como seguidora y discípula de Cristo, que a la tradición de la pecadora penitente. Con la ayuda exterior de teólog@s, se trabaja intensamente por devolverle a María el lugar que le corresponde, como apóstol de Cristo, anunciadora de la Resurrección, modelo predicadora y líder religiosa para la mujer.
Finalmente, hay un detalle muy interesante de la vida de la santa que hay que mencionar. En Marcos 14:3-9, se menciona la unción de María de Betania a Jesús. Al final de dicho relato, Jesús dijo que dondequiera que se anuncie el Evangelio, se contará también lo que ella hizo con Él. Sin embargo, en ninguna parte de la Misa hay mención de dicho acontecimiento. ¿No estamos desobedeciendo a Jesús al no mencionar el gesto amoroso de María?
